14-jul-2009

Horizontes desde el lecho


El viento, enseña sus manos blancas y deja elevarse un recreo de mariposas ávidas de una libertad de besos y caricias. Se remontan hasta posarse en tus labios ofreciéndose en sacrificio ante los míos, que cabalgan en una memoria de deseos y días de batalla para alcanzar el lado oscuro de tu prisa.

Recorre el agua nuestro atardecer del lunes, se detiene sosegada y amanece un martes de plaza descarada, de soportal insolente, de juglar descubierto en el amor, y aturdido de besos por el norte de mi esencia, por los alumbres que limpian lo turbio de tus ojos, vuelvo al hayedo de tu intuición y te alzo en tormenta y barranco.

Rompe la madera el viaje al infinito por quedarse asomada a tu mirada de ofensa sagaz, y por asistir al aliento del mar que quema y se rompe en lo blanco de tus pechos, renunciando a las siluetas posibles entre las manos del hombre que amasa tu piel de confín con el límite de la propia, se modela y contorsiona hasta convertirse en diosa de entrega insoslayable, en nueva madera de futuro.

Y así, con el nudo que nos acerca y nos distancia, vamos dejando que la mañana pase sin nombre, sin fecha, sin tiempo y escondiendo en nuestros ojos aquella primera mirada que vio el mundo por vez primera.

09-jul-2009

Sin futuro.


Se precisa dependiente, rezaba el anuncio colgado en el escaparate de aquella vieja juguetería de la Calle del Codo por la que, en tantas ocasiones, había pasado camino del instituto distrayendo sus intenciones de fuga y olvido, su deseo de amortiguar la caída.

Diez y seis años en la cabalgata de la vida y aquella grasa pegada en la mirada, le empujaron a entrar en la pequeña tienda, en el diminuto espacio rebosante de artilugios con apetito de sonrisa, con el pensamiento puesto en el nido en el que se empecinan las torturas y los músculos se empujan hacía los destinos oscuros elegidos por el camino de las torrenteras del intento.

A su requisitoria ahogada en el incierto mar de las dudas, al miedo escondido entre aquellos signos de interrogación, solo obtuvo como respuesta, un par de cuchillos con filo de desprecio y un fuerte olor a azufre que lo pellizcó en la garganta y lo lanzó a la calle sin permitir que su voluntad aclamara el descanso de la sombra de una mirada.

Miró de nuevo el cartel. Se precisa dependiente.

No tuvo tiempo de más.

Abandonó el sueño y continuó camino a la nada.

Aquella noche, mientras masticaba vacio y apretaba un manojo de hoces entre sus dedos, sintió como el rio de los años se dislocaba y apurado por los gritos de impotencia que humedecían la almohada, decidió que cambiaría el camino que a diario pisaba para asistir a sus clases en el instituto.

A la mañana siguiente su hermana Maruja acudió a su habitación para despertarle, solo encontró una quietud aterradora y callada.

Un pedazo de futuro, había quedado para siempre inconcluso

06-jul-2009

Cambio inesperado


La sala se fue llenando de ojos de mirada oblicua y gesto repentino de duda, de bocas hambrientas de silencio para que el sonido de otros silencios dieran paso a un estimulante decir por decir , de manos que acariciaban sin mesura todo aquello que permanecía quieto y a la espera de comenzar su débito.

Poco a poco el saldo de cuerpos pasaba tanto en el haber del espacio que alguien pidió a alguno de los camareros que por favor abriese alguna de las múltiples ventanas que dejaban a la vista el ancho y largo jardín en el que las fuentes se dedicaban a olvidar su descendencia de agua.

Una brisa de acantos y verbenas inundó la sala en la que ya se escuchaba por parte de algunos invitados la exquisita música de Dave Brubeck y Paul Desmon.

Un movimiento de luces y brillos que como manantiales de cristal lanzaban las gargantillas y collares de las bellísimas señoritas que caminaban moviendo sus caderas y algo más, buscando alcanzar el centro del salón con intención de dejarse ver como objetos dispuestas a apretar sus cálidas curvas a cualquier cuerpo masculino dispuesto a iniciar una amigable y distendida conversación sobre cuantas corrientes, fondos de inversión y capitales evadidos.

Yo, quieto, escondiendo mi insalvable timidez detrás de la bandeja llena a rebosar de copas y vasos largos, apenas me atrevía a distanciarme de aquella esquina disimulada entre el monumental armario y el sofá "gran power" en el que nadie se atrevía a poner sus posaderas dado el extraño diseño que lucía.

Cerca se mostraba un piano oscuro con sonrisa abierta quien sabe si a la espera de unas caricias que le hicieran despertar de su sopor.

Fueron transcurriendo los minutos, las horas, se inició el tiempo que quedó reservado a la oscura noche y está tomó posesión sin cortedad de su lugar reservado.

A través de los ventanales, ahora solo se podía adivinar un horizonte corto de mirada y ancho de oscuridad.

En la otra esquina de la sala, se iniciaron unos tímidos aplausos dedicados a alguien que avanzaba en dirección al lugar al que yo permanecía atado y a la espera de no se sabe que acontecimiento providencial que me liberara de aquella obligación de enseñar mi antebrazo derecho lleno de bebidas de todos los colores y brillos.

Cuando ELLA quedó parada frente a m luciendo una sonrisa que transmitía a la vez tranquilidad y desasosiego, pensé que en ese mismo momento me sería negado el aire, la respiración y mi cuerpo rodaría por el suelo desplomado y ausente para siempre.

Solo tuvo que dar dos pasos cortos más para situarse justo a un aliento de mis labios y una vez allí y sin mediar palabra me devoró la boca dejando que mi mente acertase durante dos segundos escasos a saborear la más dulce de las frutas jamás imaginadas.

La noche nos envolvió en su abrigo de densa oscuridad y…

Nunca más volví a saber de aquella damita que echó por tierra mi porvenir como camarero de catering.

Ahora paseo perros de millonarios por la rivera del Támesis.

02-jul-2009

Demencia






En qué zona de la espalda se encuentra el punto que mueve a la sonrisa?

¿Cuál es la zona de los antebrazos que nos empuja al apetito?

¿De dónde surge el caudal de lágrimas que nos anima a la música clásica?

Mientras no venga mi hermana a visitarme no voy a lograr plantar estos girasoles que ya amenazan con madurar en el cabecero de la cama y claro mañana cuando entre son Visitación de los Comunes y No Comunes al Mayor Exponente se va a poner hecha una fiera por no haber seguido sus sabias instrucciones al respecto de la colección de tapas de yogures

A ella no le gusta que las almacene debajo de la almohada y siempre me las requisa para amontonarlas en el cajón de la mesilla de noche

La mesa del comedor no se llama mesilla de comedor la mesa de esquina del salón de la televisión no se llama mesilla del rincón de la sala de televisión y sin embargo el mostrador de la cafetería se llama barra.

¿Dónde estará situada la lámpara que nos enciende los ojos?

¿Qué razón hay para olvidar las historias que leemos en los libros escondidas en sus páginas si alguien se molestó hace tiempo en emplear su esfuerzo en contarnos sus mentiras?

Los bancos del parque me dijeron anoche mientas me lavaba los dientes que ya no volvería a ver a mi amante porqué estaba muy ocupado en transcribir no se qué libro escrito en esperanto pero no les he creído he hecho como que les daba la razón y me he puesto triste pero por dentro solo estaba rota de miedo por esos pasos que escucho en el pasillo de esta cárcel cada vez que me asomo a ver lo que el mar dibuja allá en lo más alto.

Nadie me dice lo sola que estoy pero yo sé que tengo muchos amigos entre los estudiantes a cirugía cardiovascular de la universidad de Navarra los bancos de la capilla están todos alerta por si alguna de nosotras nos empapamos la entrepierna cuando el padre Carlos de la Cueva Oscura recita de memoria la misa de cada día.

¿Qué es todo esto que se acumula entre la basura de los recuerdos?

¿Qué está sucediendo en mis manos que ya no articulan palabra?

¿Hasta cuándo va a durar esta fiesta de las risas amalgamadas con olvidos y cuchillos?

Voy a intentar llevarme la cuchara a la habitación a ver si de este modo logro hablar con mis hijos.

Voy a correr hasta el último piso sin que nadie me vea para darle un beso en la boca a mi novio voy a intentar sobreponerme a tanta euforia y a descansar en la habitación oscura en la que vivo.


 

 

01-jul-2009

Para Claudia Sánchez


Se hacen un nudo las letras. Aturdidas miran a un lado y a otro del alfabeto y no saben por dónde escapar     de tanto silencio.

Ya no las moja la lluvia ni son transportadas por aquel débil hilo de agua que en otro tiempo, aún reciente, las transbordaba desde la esquina de lo callado hasta el balcón de la mirada amplia, larga, eterna.

Se miran las letras y en su mirada habita la búsqueda, en sus pupilas, se refleja el deseo de inundar con su vertiente más fresca, aquella soledad atormentada que suda y se evapora con cada paso adelante, que duda y se desvanece con el paso atrás.

Los frágiles contornos de las letras, se agostan y junto al yermo paisaje de su escándalo acabado, gritan el ácimo sabor de los silencios en la sombra. Se fortalece la distancia, amanecen albas inconclusas, mueren dibujos de oro sobre atardeceres de hilo vaporoso.

…y no hay palabras.

…y se muelen silencios en la rueda del molino que ya no cuenta historias.

…y mueren unos ojos a este lado de la frontera de las palabras, de los sentimientos, de los susurros y los murmullos, donde ahora, todo calla y se adormece.

Que vuelvan las letras, que acudan las palabras.

25-jun-2009

Se dibuja el tiempo en el espejo IV


Una jauría de perros indecisos y temblorosos intenta comerse tus ojos cuando como cada mañana tomas la vereda de la imagen que te persigue y…, que no es tu sombra, que no es tu conciencia, que ni siquiera es tu razón.

Y para más inri, no habla, no piensa, solo gesticula si tú mueves los hilos que te atan al movimiento. Miras con atención disipada por el sueño reciente y encuentras aquella imagen de la que has querido servirte, valiéndote de su parecido contigo, para infundirla aquella capacidad de pensamiento que solo los seres vivos disfrutamos, más o menos, y de este modo escarbar en tus propios secretos, en tus miedos, en tus actitudes, en…

Pero nada de lo que ves es en definitiva verdadero. Tan solo es una efigie que recorre la superficie fría, helada y extensa del cristal en el que habita. Extiende sus brazos sin querer alcanzar nada, mueve la cabeza en mil y un gestos, sin ánimo alguno de comunicación, mira con aparente motivación, pero su mirada es plana, sin posibilidad de salto adelante.

En definitiva, cada amanecer, te asomas a un sueño, a una quimera, sufrida con ojos abiertos y lengua reseca, que no nace, que no acaba, que no tiene principio ni fin si no es atada a tu silueta, esta sí, plena de contenido y con un horizonte claramente delimitado.

La verdad es terrible entonces, y tiene respiración de asfixia.

La verdad se queda de este lado del azogue y ahí es cuando te das cuenta de que estás solo, irremisiblemente solo.

Y entonces, con un susurro de voz, con un escondite de palabras y un dibujo de letras alguien desde el otro lado del cristal te deja como un reposo de puntos suspensivos y te dice: Solo, irreparablemente solo y para siempre.

Y mientras te secas dos pequeñas humedades que se deslizan por tus mejillas, decides que hoy tampoco tienes tiempo para un miedo más y te das la vuelta olvidando el afeitado, la higiene bucal y las cremas hidratantes.

24-jun-2009

En mi mirada…

Hoy, levanto el filo de la noche

y la sorpresa.

Tomo entre los dedos la caricia

y abrocho tu cuerpo de heno y barrancos

a los labios infinitos de un universo altivo,

a una batalla de cielos y tormentas,

al tiempo que lio tus elipses

en un abrazo de mies y trilla abierta.


 

Hoy, mientras la noche dibuja en blanco

madrugadas de futuro.


 


 

 

22-jun-2009

Se escondió la soledad.


Las nieblas del tiempo, agrietando las puertas y ventanas, ancianas de noches, caídas en el barranco del olvido por la cesación que habitaba, o más bien moría, en los ojos de aquel hombre que domesticaba en un esfuerzo ímprobo e ineficaz el paso de los días, se habían hecho fuertes en los torbellinos que adornaban los rastrojos y las eras.

Los colores que siempre circundaron el paisaje, se habían deslucido del uso que los segundos, cosidos unos a otros machaconamente, fueron demacrando hasta la escala de grises que ahora lo apelmazaban todo contra la lejana línea del horizonte.

Sabía que todo estaba por hacer menos la muerte. Atendía cada noche a la llamada del sueño con una ceniza áspera y grasa en la garganta, a la espera de ver caer la cortina oscura del abatimiento sobre sus parpados que aciagos y temerosos, se negaban a dejar sin luz el entorno helado de aquella habitación que todo lo escondía.

Nunca quiso conmemorar una posible relación, nunca se atrevió a enmendar ninguna conversación dado que a él siempre le pareció que las palabras eran codazos de humo dados sin razón alguna en un equilibrio imposible. De este lado de la frontera nada podía hacerse por los que al otro extremo buscaban la palabra o la sonrisa, como si este hielo que todo lo teje se pudiera cortar y mezclar con otros alientos que a su manera buscaban otra cosecha que la suya.

Así, la soledad se fue filtrando por la comisura de sus labios y poco a poco perdió el habla hasta que su capacidad de poner fuera lo que le abrasaba en el interior oscuro de sus días quedo tabicada, emparedada entre el silencio y la costumbre. Así, su pensamiento fue empalado por las raíces de la omisión, creando en su mente una fuente de abstractos resentimientos que le devoraban en cada aliento.

No quiso asomarse a la madrugada y prefirió esperar encerrado.

Nadie supo cuando dejó de respirar, en qué momento se abandonó a la definitiva esquirla de muerte que lo atravesó.

18-jun-2009

Vuestra LUZ se hizo y …

Abres los ojos y te encuentras en lo profundo de un pozo.

Sorpresa. Alarma. Desesperación.

Haces mil y un intentos por asomar aunque solo sea las manos para asirte a algo seguro, concreto que, ofrezca resultado rápido y te ayude a alcanzar al punto de partida.

Arremolinado en la soledad de los imposibles ejercitas la voluntad y la poca clarividencia que te otorga la distancia con el problema.

Buscas en principio con tranquilidad, después con prisa y al final con furia ante la impotencia.

Y te preguntas ¿Cuál es la razón de este desasosiego, de tanta inquina? Después de todo lo que sucede es algo tan simple como que a mí que me gusta escribir por el placer de manchar espacios blancos, ahora descubro que tanto como contar a los demás, me interesa que me cuenten a cerca de lo que cuento.

Sí, es cierto que soy humano y que tengo mis servidumbres, mis incongruencias flagrantes, pero esto me parece tan desproporcionado. Si es que se me van a saltar los ojos, si es que voy a llegar a las manos con mi ordenador en un ataque de furia incontenible y voy a apretar su cuello hasta que de la pantalla salten unos ojos enrojecidos por la asfixia.

Y así se te hace la madrugada y adviertes que tienes agazapado en los hombros un animalito llamado sueño al que de muy cerca le observa otro llamado súper-ego-total-tope que casi te impide la respiración.

Pero bueno, te preguntas, ¿y ahora que hago yo sin los comentarios que los otros "blogueros" venían dejando en mis textos?

Ya en la cama te tocas y te hallas débil, te encuentras con un aspecto tuyo quizás no muy atendido en tus divagaciones diarias. Más te valdría una cura de humildad en vez de tanto y tanto escribir para la galería.

Bueno pues todo esto me ha sucedido en unas pocas horas, las transcurridas desde que me encontré solo y perdido en ausencia de mis queridos, esperados y respetados comentarios, hasta que un enorme grupo de amigos del alma se pusieron manos a la obra y solucionaron el atasco producido en mi mente, en mi estomago y en mi vanidad.

GRACIAS a todos y no dejéis de existir nunca.

17-jun-2009

Ayuda

No sé qué ha pasado con mi blog, pero parece que nadie puede hacer comentarios por algún despiste del autor.

¿Me podéis ayudar a solucionar el problema?

14-jun-2009

Eterno deseo.

Percibes ese escalofrío que atenaza. Ese empujón que paraliza, esa lagrima que aturde la razón, ese perfil del miedo que se aposta en los centros y que impele al sudor y al dolor.

Recoges aquella mirada que te cala los huesos y te quema la sangre sin ni siquiera reposar en tus fanales, sin detenerse en la sombra de tu silueta, pasando por tus pánicos ojos y olvidando la esquina del futuro más inmediato.

Adviertes que el peso de las manos muere en el intento de mantenerlas en su cuerpo, cosidas a su espalda, clavadas en sus ingles, atenazando lo que no es más que un grito de deseo inconcluso.

Y mueres cuando saliva, lengua, dientes y brazos acarician a aquella mujer que ha decidido compartir contigo los recodos de este desierto que habitamos.

11-jun-2009

Se dibuja el tiempo en el espejo III


Te asomas al abismo de cristal.

Te miras desde ese espacio de libertad que concede la soledad y el descaro.


 

Con un punto de observación, de distancia, de sabiduría natural atiendes la llamada de quien convive contigo desde la frontera de cristal y te preguntas ¿y ahora qué?


 

Puedes quedarte en ese nivel de mirada que posa los ojos pero que no ve, que tan solo reconoce la imagen devuelta por el azogue.

Lanzar el ancla y pasear por tus contornos, por los límites admitidos, puedes ver tan solo lo que alcanzaría a ver cualquier otro ser ajeno a ti, a lo que de modo incontestable habita en tu interior.


 

Prestando un poco de atención a las formas, incluso, puedes alcanzar un estadio un poco más crítico y descubrir que estás desnudo, que tienes arrugas repartidas por todo el cuerpo, que tal vez andes sobrado de peso y que tu cintura hace tiempo que perdió su forma de cambio de agujas y se convirtió en una caída libre desde las axilas hasta las ingles.

Pero hoy, te has asomado al cristal y detrás de tu mirada has descubierto que hay alguien escondido, alguien que no disimula sus miedos y que más bien al primer cruce de miradas te ha dejado un recado con filo y tajadura, con grito y empellón.

Y ahora, con la edad que te sirve de alforja en este viaje, con la suma de días que ha contribuida a darte esta imagen que ahora te mira inquisitoriamente, sin concederte tiempo de demora, ¿Qué tienes que decir a aquella vieja teoría tuya de que la vida no termina con la muerte sino que esta, continua con aquella?

Miras atrás y te ves presumiendo prepotente y presumido de tu capacidad para aceptar la pura y dura realidad del proceso vital. Claro, tu entonces contabas una veintena de años y te tenías por un intelectual de izquierdas con una mirada amplia al abanico de lo que creías que era vivir el presente.

Hoy, con los ojos amagados por el dolor que produce el recién abandonado sueño reparador, te has parado un segundo de más ante el espejo, y antes de la ducha que definitivamente te trae cada mañana a este lado de la frontera, te has encontrado con unos ojos que han desnudado una cuestión que desde hace tiempo vestiste de desmesura para crear un vacío, por otra parte insostenible.

Y ahí estás mirando el piélago que se ofrece sin discusión. Ahí estás aterido de tiempo y sin respuesta. Ahí estás con un capacho completo de años y con esa hormiga en el estomago que pregunta sin cobardía por el hoy, por el presente aquel de otro tiempo que de golpe se ha acercado a mirarte cara a cara.

05-jun-2009

Sin titulo


 

Si excluyes la sombra… ¿qué me queda?

Tal vez un surco de agonía que derrama, sin tallo que lo ate, la saliva dulce de un tacto de otros días. Un silente cortejo de pasos abrumados, en la prisa y el desprecio por el beso, indocto de las mieles de tu boca.

Si ciegas la vereda… ¿a que los pasos?

Sin filo, este cuchillo que saja y descompone aquella violenta despedida insuflada de llamas y obeliscos, se queda en el tormento prestado por una de nube sin contorno, como un arcángel sin soberbia.

Si entregas tu espalda… ¿dónde dormirán los ojos?

Con un horizonte tan liviano, tan a la distancia infinita, perderá su misión redentora la mirada que altiva, otea el imperecedero paso de las lluvias y el resbaladizo ocre de las tardes. Sin una advertencia, sin una indicación, se perfilara el día como una tierra yerma y agostada.

04-jun-2009

Se dibuja el tiempo en el espejo II



Fuera de mí, mire donde mire, nada tiene nombre.


Nada se llama de otra manera.


Pienso en un tiempo lejano, un tiempo transcurrido sin voz y por lo tanto sin silencio, en el que solo estaban allí los objetos, vacios en su epidermis, sin nombre, tan solo con unas dimensiones.


Ni siquiera todo esto fue posible jamás. Estoy pensando en ese tiempo en el que nadie había pronunciado todavía una sola palabra y por lo tanto nada se llamaba de algún modo.


Y entonces necesitamos de la medida. No podemos perdernos en el tiempo.


Primero sería la noche y el día. Luego, tal vez, el alba, el atardecer, la sombra fresca, el frio del crepúsculo, más tarde, mucho más tarde, los momentos, los instantes, y así, deslizándose por el contorno de la medida, comenzamos a regular, a establecer, a ponernos allí donde nunca antes habíamos estado.


Ahora miro al frente y lo que descubro es tiempo, solo tiempo, espacio sin principio ni fin y ahí, atado a las malas costumbres de la medida, yo, un hombre desnudo que se explica a si mismo mediante arrugas, flacideces y decaimientos, producto del paso de aquello que se llamó tiempo y que hemos compartimentado hasta la saciedad tan solo por alcanzar a creernos que lo dominamos.


Hoy llamamos espejo a este que me mira desde la cercanía y que sin medir, me enseña el transcurrir del tiempo, pero a lo que yo he puesto nombre hasta en su más pequeña partícula y de lo que me valgo para valorar mi envejecimiento, echándole la culpa al menos indicado, dado que mi imagen es esta por puro desgaste y no por efecto de las horas, los minutos, los años…


Lo peor de todo este mirarse es que lo hacemos desde ese lugar en el que permanecemos demasiado tiempo a lo largo y ancho de nuestras vidas, digo no miramos desde la certeza de que el tiempo nos está matando y nos llegamos a sentir ofendidos por la existencia de semejante enemigo.


Son las once y media, tengo sueño y mañana a las siete sonará el despertador para avisarme de mi irrenunciable obligación de estar en la parada del bus a las siete y once para llegar a mi puesto de trabajo a las ocho en punto.


Tiempo.


!!Vaya lata¡¡

02-jun-2009

Se dibuja el tiempo en el espejo.





Los surcos que glosan aquellos días que el peso gravitatorio del pasado, han desvelado como parte de la vigilia o el insomnio, llaman a sus parpados a un ejercicio de reconocimiento.


Del otro lado del azogue, se asoma sin apocamiento, un extenso espacio de lindes imposibles, un horizonte de interminables puestas de sol que paso a paso han ido dejando que el celaje del olvido oculte sus perfiles adornados de palabras e intenciones.


Se mira en el inverso con la atención de quien teme olvidarse en los acantilados de sombra y no se oculta a la distancia que se impone del otro lado, admitiendo, que aquello que ve congelado en un instante, es lo que está siendo de él en ese segundo de vida que ya es recuerdo sin conceder tiempo a su mirada a detenerse en un gesto que todavía sea cierto, verdadero, real.


Todo sucede mientras sucede lo contiguo. Todo pasa al tiempo que pasa lo siguiente.


Son dos líneas de tiempo hermanas, con una misma dirección pero, a tiempo sin compás posible.


Piensa mientras piensa en establecer un juego de cuyo resultado ya conoce el final. Para advertir en el espejo que sus ojos parpadean, estos han tenido que parpadear, y así es como siempre llega tarde a todo. Todo ocurre antes que sus consecuencias.


Si alcanzase el sueño tan solo en su mitad reflejada, podría levantarse y no mirarse extraño en el apunte que ahora abandona hasta mañana. El tiempo habría permanecido entumecido durante unas horas y eso podría ser el comienzo de algo muy diferente al día a día con el que despierta cada alborada.


Se abrocha lentamente los botones de la chaqueta del pijama, como temiendo dejarse en el espejo a solas con ninguna imagen y con una mirada de jardín y soledades, se encamina al lecho donde nadie le espera.